martes, 30 de diciembre de 2008

El andaluz desubicado



Suelto la cucharilla y me doy cuenta de que he salido en la foto de la recepción, y no es la primera vez.
- Qué hago yo aquí -me pregunto-.
Me acerco el periódico. No es normal, auque a veces me despisto al observar en derredor, cruzando miradas con caras sonrientes, siempre amables y a menudo complacientes; condescendientes con quien va de un lado a otro, ajeno al protocolo, desmañado. La cortesía es así; pero yo encuentro en todos los actos sociales un lugar, las más de las veces indiscreto, desde donde observar, y descubrir con sutileza las intrigas y manejos de todos los invitados. Me basta con adoptar esa sonrisa falta de entendimiento, simple, que me confiere una expresión como ausente... Sé que no despierto la morbosa fascinación de lo no integrado; más bien todo lo contrario, por eso los camareros no me acercan los canapés; a lo sumo una copa que sostengo con la correcta afectación. Es entonces cuando comienzo a disfrutar de los detalles, de la calidez de la anfitriona, de los ricos ornatos de la sala, de las conversaciones furtivas, de las miradas ajenas, de las mujeres exóticas. Es cuando me despisto.
Vuelvo a mirar la foto y me pregunto: “Qué hago yo aquí.”
- Cuántas veces me habré hecho esta misma pregunta. Desubicado, con el único consuelo de tener en la falta de encaje la posibilidad de variar de perspectiva.
En estos pensamientos estaba – tan a gusto – cuando un camarero me intenta dar conversación, mientras mira furtivamente a una mujer, dispuesta a dar un discurso sosteniendo una copa. Pago el café, cierro el periódico y me voy.
De estos pensamientos nace “elandaluzdesubicado”, que sale hoy por primera vez, que no es partidista, ni mucho menos integrista, que se aumentará conforme se vaya pudiendo con los comentarios que quien suscribe sólo tiene el ánimo de compartir.