miércoles, 11 de febrero de 2009

Siervos por horas

Fernández Ordóñez

Se acabó la ilusión de vivir en un mundo utópico donde todos éramos ricos. Una fantasía que alimentó en España el bum de la construcción y la vivienda, donde los especuladores se hicieron de oro, y donde buena parte de los propietarios vieron la oportunidad de hacer dinero, elevando aún más el precio de los inmuebles.
Al son o el soniquete del pensamiento único se dio por difunta la lucha de clases, sin reparar en que la aparición de las clases intermedias es un fenómeno relativamente reciente que sólo tomó vigor tras las Segunda Guerra Mundial como modelo que enfrentar a la U.R.S.S. y sistema con el que frenar la pujanza de los movimientos socialistas en la Europa de posguerra.
La crisis del petróleo ya dejó claras las carencias de un sistema que arrasó regiones industriales enteras, y que mandó al paro a miles de trabajadores. Aquella crisis vino precedida como hoy por la debilidad del dólar, y otros problemas de la economía de EE.UU. como hoy, inmersa en la guerra, entonces la de Vietnam.
Hoy, cuando el sistema fracasa y devuelve a cada uno a su lugar - los pobres a la pobreza-, queda claro que, eliminados los oropeles, vuelven a reaparecer las miserias de las clases sociales. Unos, con un pie en el abismo del paro y la finalización de las prestaciones sociales, y otros, a buscar el despido libre y reducir al ciudadano a la condición de trabajador, a mera fuerza laboral.
Con qué falta de decencia quienes han provocado la crisis piden cambios para que nada cambie. Aún habrá quien crea que las clases sociales son cosa del pasado. Qué forma de engañarse. Ahora que la magia se ha roto, qué bueno sería despertar las conciencias para poner freno a los que piensan que el resto del mundo son siervos por horas.

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