viernes, 27 de febrero de 2009

Una tarde melancólica

No sé quién dijo aquello de que la vida es lo que te pasa mientras esperas que te pasen otras cosas. Supongo que empleó el término esperar en lugar de desear, porque si hay algo en la vida que no se puede hacer es esperar. La vida no aguarda, y cada instante que pasa no vuelve, más si te vas de un sitio porque lo que queda en el pasado es el espacio y el tiempo. Cuando te marchas de un lugar te vas para siempre, porque cuando regresas el tiempo ha cambiado y el espacio también. Es la tristeza del emigrante, que jamás vuelve a casa. En estos melancólicos pensamientos me he metido yo solo después de recibir un correo de una cándida compañera que me trata como si fuera un niño de su pandilla. Era una de esas presentaciones de Power Point, que llevaba por título: “Juguetes de los 80 y 90, seguro que los recuerdas”. Sí, sí que los recuerdo, porque a principios de los 90 se los compraba a mis hijos.
Se agradece el correo, y mucho, porque se agradece que una jovenzuela te tenga en su lista de contactos; pero qué diferente es el álbum de sus recuerdos, al igual que la banda sonora de su vida.
Me ha alegrado el correo, pero me ha llevado a rincones de la memoria que hacía mucho tiempo que no visitaba; en los que no entraba porque sólo los abren las llaves de la distancia y la amargura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario