martes, 17 de marzo de 2009

Una ocurrencia ante tanta crítica moralista

A propósito del aluvión de críticas moralistas que se suceden estos días, puede que por efecto de la Cuaresma, - otro día hablaré de los linces – me gustaría decir que quienes más insisten en dictar normas para seguir el “camino recto”, tanto más se alejan de él.
Habría que citar el Génesis para hallar el origen tanto del pecado como de la moral. El árbol de la ciencia del bien y del mal nos lo han interpretado siempre como el acceso al conocimiento por parte del hombre; una interpretación interesada, como todas. Lo que adquiere realmente el hombre no es conocimiento; adquiere la ciencia del bien y del mal. ¿Cuál es la ciencia que tiene por objeto el bien y el mal en el comportamiento humano? La moral. Por tanto, profundizar en la moral es volver y recrearse en el agravio al ser superior. Para regresar al paraíso sólo hay que recorrer el camino contrario. Eliminar de nuestra intimidad el sentido de pecado, de culpa, la angustia... Si no es la vuelta al paraíso, al menos nos hará mucho más felices. ¿Cuáles son los límites? Los que imponen la relación con los demás y el derecho.
Pienso que hay que sufrir mucho para escribir una soflama moralista.
Es sólo una ocurrencia, aunque también moralista... No se puede hablar de la paja en el ojo ajeno.

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