sábado, 25 de abril de 2009

Cuanta más burocracia, menos democracia


Todas las primaveras picotea un mirlo en mi patio. Un jardín desarrapado donde la grama se entrelaza con la hierbabuena, y a la sombra de un jazmín subversivo brotan pensamientos de colores y los míos. En esta favela de caracolas me solazo con los ojos cerrados y algunas veces - las menos -, medito. Hoy es uno de esos días en el que en mi rincón del mundo ando dándole vueltas a la cabeza porque tengo desde el martes la tarjeta censal sobre la mesa.
Cómo les digo yo a estos políticos que estoy más que harto de que usen mi voto como una palmada en una ovación cerrada a cualquier astracanada que representen.
No tengo ni la menor idea de lo que propone cada partido para las próximas elecciones europeas, lo que sí sé es que sea cual sea el resultado los partidos nacionales lo tomarán como unas primarias de las próximas generales.
¿A quién le importa las europeas? A mí, y a mucha gente que como yo vemos que la unidad europea se está llevando a cabo mediante la homologación a la baja de las políticas sociales, la sanidad y la educación. Le pregunté una vez al malogrado Alfonso Perales, durante la campaña del referéndum de la Constitución Europea, por qué teníamos que votar un texto que afirmaba que los ciudadanos teníamos derecho a una sanidad “suficiente”, cuando en España la sanidad está plenamente garantizada. La respuesta era obvia; “porque otros países no tienen un sistema de salud como el nuestro”. Ahora estamos metidos de lleno en el Plan Bolonia. Me lo he leído, y está bien, salvo el desarrollo de los ciclos de postgrado y masters, que suponen una clara privatización de la universidad, lo mires por donde los mires.
La Unión Europea se ha convertido en la trinchera de un capitalismo de guante blanco que en lugar de lanzar los escuadrones a caballo de la policía contra los manifestantes -que también -, ha optado por alejar las instituciones de los ciudadanos, colocando barreras administrativas entre la voluntad popular y el poder, bajo la idea de cuanta más burocracia, menos democracia.
Quiero más democracia, quiero listas abiertas, quiero programas electorales y no quiero que interpreten mi voto como un adelanto de las elecciones generales, porque vale más que eso.
¿Y… si me abstengo? Pues si me abstengo, peor, porque hay fascistas tipo Berlusconi buscando “tetonas” para rellenar las listas y captar el voto de los descontentos. Lo último que quedaría es que los partidos ultraconservadores, minoritarios, lleguen al Parlamento Europeo por culpa de la abstención.
¿Qué hago?

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