jueves, 16 de julio de 2009

Una aparición mariana VI


Desde lo alto de la cuesta se podía contemplar una hilera de coches que parecía prolongarse a lo largo de varios cruces, aumentando el desconcierto en el casco antiguo de la ciudad.
Minutos más tarde, el altavoz del radiopatrulla atronaba pidiendo una rápida solución al, “evento religioso no autorizado”; a lo que el sargento se limitó a contestar volviendo a informar sobre la existencia de “elementos hostiles” entre la multitud.
La voz de la radio le exigió que aguardara instrucciones.
En la delegación de Policía y Tráfico, el delegado acababa de colgar el teléfono tras hablar con el jefe de Policía y mostraba una extraña sonrisa mientras miraba al infinito. ¡Era la oportunidad que estaba esperando!
El Escuadrón de Caballería había sido un empeño personal. Conocía perfectamente a los caballos desde que en los años de su juventud trabajara como picador en la cuadrilla del "Cambembo", un torero gitano que apuntaba muy buenas maneras, pero que pronto acabó su carrera, al sufrir una grave cogida en Manzanares, y con ella la del joven picador. Benito Soto – Benito de Soto, desde su elección como concejal- tuvo entonces que emplearse como mozo de cuadra para una importante familia de la comarca. Allí aprendió que para tener caballos hay que pagar sueldos miserables y regatear con los veterinarios. También aprendió, por obligación, a trabajar de peón de albañil, de vaquero, tejero y, sobre todo, de guarnicionero. Así anduvo Benito, hasta que a finales de los setenta y principio de los ochenta, los "progres" pusieron de moda el uso de los botos camperos, con lo que pudo abrir una pequeña guarnicionería, que luego amplió con el bum de la marroquinería.
¡Era su oportunidad! ¡Un desorden público! Un problema de su competencia, en una calle peatonal, donde las fuerzas del orden no podían recibir refuerzos a causa de un monumental atasco – otro problema también de su competencia- cuya única solución era el envío del Escuadrón de Caballería… ¡Ya nadie diría que era un gasto inútil, sólo dedicado a proteger a los ricos en ferias y romerías! – Benito de Soto estaba exultante-.
La "chicharra" del radiopatrulla volvió a sonar. Esta vez para anunciar que los refuerzos llegarían pronto y para ordenar que los agentes no actuaran, pero que se dejaran ver.
Desde luego, el sargento no pensaba actuar, y desde la primera escaramuza había retirado a los agentes a lo alto de la cuesta donde formaban, a la entrada del callejón, un cordón… más o menos uniforme.
Desde lo alto de la cuesta el sargento también podía ver cómo parecía que se estaba formando una caravana de vehículos junto a las primeras tierras de labor, en la salida sur de la ciudad.
Sobre la una menos cuarto, el calor era ya insoportable y los conductores habían dejado de proferir gritos e insultos a los agentes para acercarse a pie a los policías, a los que comentaban lo que pensaban del tráfico y de su eficacia. Lo hacían sin levantar la voz, lo que resultaba ciertamente amenazante. Sólo la contemplación de los ritos histéricos de los devotos del callejón había aplazado un enfrentamiento que ya se aventuraba próximo. Fue en ese momento cuando aparecieron, en fila india, los ocho agentes del escuadrón. Portaban cascos antidisturbios y largas defensas.
El sargento no podía dar crédito a sus ojos. Agachó la cabeza y luego desvió la mirada hacia el final de la cuesta. Allí, un equipo ENG de una productora caminaba haciendo preguntas a los conductores.
El cerco policial se abrió al paso de los jinetes, que fueron recibidos en el callejón al grito de: “¡Chulos, chulos, chulos!”
El oficial al mando del escuadrón cogió un megáfono y dijo: “¡Esta concentración no ha sido autorizada! ¡Disuelvanse!”
Un griterío lejano desvió la atención del redactor de la productora, que vio cómo una cabalgadura sin jinete trotaba cuesta abajo entre los coches, mientras la gente se apartaba saltando sobre los capós de los vehículos.
-¡Corre, tío, corre!- gritó al cámara.
(Continuará...)

2 comentarios:

  1. Sigo atentamente el relato, se me olvidó decirte que todo lo estoy imprimiendo y mandándolo por correo certificado al Discaterio específico del Vaticano, en este caso, la Congregación para la Doctrina de la Fe, que fundándose sobre las verdades de la Biblia, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia acerca de María, tan rico en textos como los del Concilio Vaticano II, de Pablo VI, la «Marialis Cultus», de cuya publicación se cumple este año el 35º aniversario, y la espléndida Encíclica de Juan Pablo II «Redemptoris mater», nos aclarará la veracidad del mismo :-P

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  2. ¿Has mandado los textos a la Inquisición? ¡Dios mío!

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