sábado, 16 de enero de 2010

Como un ratón entre la hojarasca.


Mi casa es la casa de un proletario adicto a los libros; una casa pequeña con volúmenes desordenados, repartidos aquí y allá por falta de espacio. Con el encanto de algunos muebles antiguos, heredados de tiempos mejores, que conocen de largas travesías en barco por el Golfo Pérsico, y de los sueños de una joven que escondía los flecos de una falda con la que bailar el charlestón.
Mi casa alberga la desidia en mitad del salón de una adolescente tumbada en el sofá; la soledad de un montón de ropa por planchar; la inquietud de una niña que empieza a llenarse los ojos de mundo, y de un perro bodeguero, nómada que arrastra su manta del pasillo al salón junto con todos sus enseres. Mi casa es la casa de un proletario, con un tendedero en el pasillo, al abrigo del temporal… pero cuando me siento en mi sillón con un libro y mi manta y mi vaso de ron, soy feliz como un ratón escondido entre la hojarasca.

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