jueves, 25 de febrero de 2010

¡¡¡Zorro Rojo, Zorro Rojo, aquí Putón Verbenero, necesitamos apoyo aéreo!!!


Tenía que llegar y llegó el día aciago en el que, tras años de guerra,me viera al frente de un pelotón reclutado de entre los enchufados del Estado Mayor y de la Guardia Nacional para no ir al frente.
Allí estábamos, desplegados en abanico, con el barro hasta las rodillas, avanzando por lo que antes había sido un arrozal. A mi derecha un viejo matarife desaliñado, con las uñas negras y el uniforme destrozado. El alto mando lo había seleccionado para la misión convencido de que, tras cuarenta años degollando corderos, no dudaría en seccionar yugulares humanas con la misma destreza. Yo tampoco lo dudaba, pero me preocupaba que no supiera contra quien luchábamos y su extraña verborrea entre dientes que no alcanzaba a entender. Por el flanco derecho cerraba la formación un cantante de folk, que a sus treinta y seis años soñaba todavía con triunfar en el mundo de la música y que desde su llegada a Saigón se había dejado impresionar por las filosofías orientales; quizá para aparentar un misticismo del que carecía aquel espíritu materialista, que bien hubiera podido llegar a algo de no haber sido por su carácter indolente. Logró grabar un disco en el 66, y como todos los simples ególatras, jamás logró recuperarse del éxito. Justo a mi izquierda iba, sacando pecho, un joven alto, rubio y con gafas. Se jactaba de abatir venados a más de doscientos metros, pero no tenía ni idea de lo que era una guerra. En el centro, un tipo corpulento e incansable, algo fanfarrón, de los que hay en todos los regimientos, capaces de tomar ellos solos la cima de una colina. Detrás, dos chicas del servicio secreto; una rubia y la otra morena, probablemente mucho más capaces para hacer frente al enemigo que el resto de aquella triste tropa. Casi descolgado, cerraba el grupo un enano malhumorado, hipocondríaco, que a cada momento se quejaba de ampollas en los pies, de la lluvia que calaba hasta los huesos, de los mosquitos… Junto a él, marchaba el soldado William, que caminaba con las manos en los bolsillos porque había olvidado la ametralladora de posición en alguna de las aldeas por las que habíamos pasado.
Avanzábamos lentamente cuando, de repente, el Vietcom nos recibió con fuego de mortero que hacía saltar nubes de agua y lodo a escasos centenares de metros, y ráfagas de ametralladorasque tableteaban entre la espesura más allá del arrozal.
- ¡Radio, radio! –grité-.
El soldado Jonas se arrastró por el barro hasta mi posición.
Jonas: ¡Mi sargento, nos van a freir!
Yo mismo: ¡Tranquilo hijo! Voy a pedir apoyo aéreo. – Cogí la radio, y girándome sobre mi espalda, con el agua cubriéndome los hombros, grité - ¡Zorro Rojo, Zorro Rojo, aquí Putón Verbenero –que era mi nombre en clave-, necesitamos apoyo aéreo, repito, necesitamos apoyo aéreo!
Zorro Rojo: Aquí Zorro Rojo, cuál es su situación.
Yo mismo: Aquí Putón Verbenero – que era mi nombre en clave-, nos están atacando con fuego de mortero. ¡Necesitamos apoyo aéreo ya!
Zorro Rojo: Imposible, Putón Verbenero.
Yo mismo: ¿Cómo que imposible!
Zorro Rojo: Aquí Zorro Rojo, no podemos daros apoyo aéreo.
Yo mismo: Aquí Putón Verbenero – que era mi nombre en clave -, ¡pásame con el coronel!
Zorro Rojo: Aquí Zorro Rojo, el coronel no está.
Yo mismo: Aquí Puntón Verbenero – no hace falta decir que era mi nombre en clave-, ¡ponme con la teniente coronel!
Zorro Rojo: Imposible, Putón Verbenero, la teniente coronel no está.
Yo mismo: ¡Ponme inmediatamente con el comandante!
Zorro Rojo: Negativo, Putón Verbenero. El coronel, la teniente coronel y el comandante se han ido de puente.
Yo mismo: ¿Cómo!
Zorro Rojo: Repito, se han ido de puente. Hasta el martes dos de marzo no vuelven. Repito, hasta el martes dos de marzo no vuelven.
Aquello iba a ser una carnicería…
(Cualquier parecido con la realidad... es solo una exageración)

5 comentarios:

  1. jajajajjjjjjjj.... genial, sencillamente genial jjajajj........


    P.D.- Me río por no llorar. Debías haber dicho: cualquier parecido con la ficción es pura realidad....

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  2. La elección del compañero Griñan como Secretario General del PSOE-Andalucía es lógica y necesaria. El PP esta utilizando la inexistente bicefalia para dañarnos electoralmente.
    Todo el Partido apoya su designación.
    En lo que respecta a Jerez la situación es bien distinta.
    Las criticas que los militantes puedan hacer a la labor que como secretaria General del PSOE-Jerez ha llevado a cabo la compañera Pilar Sanchez Muñoz no deben considerarse como algo personal. La critica es consustancial a la Libertad a la cual no podemos renunciar por coherencia.
    Estamos necesitados de un liderazgo que situé al frente del Partido a los compañeros con mas experiencia y larga trayectoria para encauzar la acción política y la vuelta a los principios ideológicos del Socialismo.
    Queda apenas un año para que el PSOE sea examinado por los Ciudadanos, para que los Ciudadanos visualicen si el contrato electoral que firmaron con nosotros se ha cumplido o no. Las próximas encuestas nos darán un análisis de la realidad que nos puede hacer despertar de un sueño y podría convertirse en una pesadilla.
    El PSOE no puede ser coartada para las pretensiones personalistas de ningún militante, por la propia supervivencia de nuestro histórico Partido Socialista. Nuevos tiempos resoplan por los corazones de los que aun sin siglas eramos y seremos siempre Socialistas convencidos.
    Os animo a la reflexión y a sumar apoyos para un cambio necesario e ineludible en la Dirección del PSOE en Jerez.

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  3. Me parece muy bien Rafael, pero, o te has equivocado de post, o no me he expresado bien. No estaba hablando del PSOE de Jerez, donde muy bien no deben andar las cosas, si mi parodia de la Guerra de Vietnam te recuerda a la agrupación Ramón de Cala. Por cierto, no corren buenos vientos para los renovadores.

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  4. Gracias Moncho por poner luz a ese comentario, creí que la equivocada era yo...uf!

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  5. Como siempre Laura, tienes razón. Me he quedado tan solo que a veces pienso que si subo a la azotea igual hay un helicóptero esperando para rescatarme.

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