lunes, 28 de junio de 2010

Rosa es un nombre bonito.


Nací un día de agosto a las cinco de la tarde, hora taurina, aunque nadie me preguntó ni dónde ni cuando. Me dieron un cachete para que llorara y eso debió marcar mi destino porque desde entonces no han parado de darme palos. Mi padre quería una niña, a la que iba a llamar Rosa; creo que esa fue la primera vez que le decepcioné... Rosa es un bonito nombre... pero como mi padre no tenía un plan "B" y nací el día de San Ramón, me pusieron Ramón, que no me gusta. Nadie me consultó, así que me encogí de hombros y al parecer más pequeño comenzaron a llamarme por el diminutivo, Moncho; total, un lío...
Desde muy pequeño fui un soñador, o sea, que me quedaba “colgao” en las alturas cuando me despertaba, cuando me levantaba de la cama, mientras movía el cacao, en el autobús del colegio, en clase… Me fue mal, como es de esperar. Mi padre se sintió mucho más decepcionado con aquel niño inútil que veía musarañas donde sólo había desconchones
Ya de adolescente seguí soñando, pero con visiones tétricas, que pronto cambiaron a magníficas escenas libidinosas, casi reales, que congelaban el tiempo interior mientras que el mundo seguía girando a una velocidad de vértigo… Me fue mal, como es de esperar. Mi padre fue el primero en darme por perdido.
Cuando llegué a la juventud empecé a dejar de soñar y a convertir la vida en un sueño… y sólo gracias a la suerte no me fue tan mal, aunque bien podía haberme “quedao colgao” en las alturas… casi estuve a punto de darme por perdido.
En mi madurez he dejado de soñar, y ahora sí que me va mal y pienso, qué habría sido de mi vida si me hubiera llamado Rosa… Rosa es un nombre bonito.
(Todo esto viene a que en una red social me piden que escriba en cuatro líneas mi biografía, y sólo se me ocurre que me llamo Ramón, pero que bien podría haberme llamado Rosa)

sábado, 26 de junio de 2010

Un mes para olvidar


Cuando el agua recorre la ladera de una montaña sortea los obtáculos rodeándolos en su fluir. Lo hace inerte, sin inteligencia, sin alma, sin voluntad... sin motivo. Así es la naturaleza, la del agula, la de la roca, la nuestra. Somos la consecuencia natural de millones de años de mutaciones, de errores... y ahora llegan estos idiotas con el G -20, el burka, los crucifijos y los mártires de Alá.
Llevo casi un mes sin escribir, planteándome muchas cosas, porque siempre es bueno distanciarse de las pequeñas mezquindades del día a día, sobre todo para que no edifiquen un muro a tu alrededor.
En este mes me ha pasado de todo: he acabado delante de un juez por una denuncia falsa, ha muerto uno de mis seres más queridos y he pedido cita con una mediadora familiar. Podría decir que mi mundo se derrumba, pero en realidad este mes solo es un capítulo más de los muchos que han ocurrido en mi vida, y aún puedo sentirme afortunado. En toda esta desazón hay un error químico, una mutación situada en alguna parte del cerebro, que nos hace ser afectuosos, y puedo decir que en todo este tiempo he sentido el cariño sincero de mis amigos y de mi familia.
"Cuando se percibe el absurdo hay que escribir el libro de la felicidad" , creo que esta frase es de Sartre, si no es de él, será de cualquier otro nihilista, pero la comparto tanto como pienso compartir lo que me queda de vida con mis amigos, con los que han estado ahí en los peores momentos, y reirme con ellos hasta que se me desencaje la mandíbula... Pronto, será pronto, hoy todavía no puedo.
Mientras sigo escuchando a una pléllade de idiotas que nos toman por tontos hablando de recortes, del G - 20 y de la madre que los parió...