miércoles, 13 de octubre de 2010

Los chacales antipatriotas vuelven a aullar excitados ante el paso de los soldados

Patriota. Patriota es aquél que siente que forma parte de un país, que pertenece a un país… pero en España hay gente que piensa que el país le pertenece. No son patriotas por mucho que ondeen la bandera. No son patriotas por mucho que aplaudan a su ejército, porque ese “su” hace mención a un sentimiento de pertenencia, hace mención a aquel ejército que durante años salvaguardó sus intereses particulares.
No son patriotas, y solo están obsesionados con conseguir el poder; por eso gentuza como el hijo del biógrafo de Franco, que un día nos gobernó, siembra dudas sobre la economía española allá donde va, porque no les importa que más gente vaya al paro, porque a quien se considera propietario de una tierra que ha perdido no le importa pagar una pequeña gabela para recuperar lo que ha perdido. El patriota no deja que le quiten ni un pedazo de tierra.
Hoy, la ultraderecha, los descendientes de aquellos que gobernaron España como si fuera su finca, han abucheado al presidente del Gobierno – al que no le tengo aprecio alguno- delante del Rey. Lo han hecho durante los actos de celebración del Día Nacional. Lo han hecho porque no tienen respeto alguno ni al presidente del Gobierno, ni al Rey ni al día de España.
Yo, que soy republicano, que considero que Zapatero se ha plegado a los intereses de los lobbies que manejan los órganos políticos de la Unión Europea, he sentido una profunda rabia al ver aullar nuevamente a los chacales desesperados por conseguir el poder.
El 12 de octubre se acaba, y con él, el Día de la Hispanidad, aunque yo prefiero la fiesta del día 10, el “Día de la Raza” lo llaman al otro lado del Atlántico, y lo celebran con cabalgatas y con música como también han hecho los inmigrantes en Madrid. Si los españoles somos una mínima parte de los hispanos, y aún más ínfima de los latinos, deberíamos celebrar que somos parte de una enorme marea humana, con distintos acentos, colores y músicas. Deberíamos celebrar que en ese espíritu no caben los aullidos de los chacales que se sienten revivir al tronar de las botas militares contra el asfalto en el desfile del Día Nacional.

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