miércoles, 2 de febrero de 2011

El paro es una realidad terrible y vergonzosa.

Lo del paro en Jerez no tiene nombre. Con independencia del rifirrafe político, de las acusaciones entre quienes no tienen competencias para solucionar el problema, el hecho de que las personas que buscan trabajo sean ya 30.926, supone un drama sin paliativos. Más grave aún, si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría, casi 27.000 son mayores de 25 años, es decir, personas con cargas familiares.
Está claro que las recetas puestas en marcha en materia económica no sirven para acabar con el desempleo. El abaratamiento del despido lo único que consigue es abaratar el despido. Los expedientes de regulación de empleo temporal son un chollo para que los trabajadores se coman el paro, sobre todo esos expedientes que incluyen reducción de jornada, donde los trabajadores siguen trabajando el mismo número de horas por miedo a perder el precario puesto de trabajo.  Ahora además viene la presidenta alemana a pedir que se profundice en las reformas laborales y en la contención de los salarios; los salarios de quienes, del 70% de españoles mileuristas.
El paro es una realidad terrible y vergonzosa, vergonzosa porque interrumpe la vida de las personas, porque convierte en papel mojado todos los derechos, y porque prolonga en la siguiente generación las consecuencias de la falta de oportunidades.
El paro es una mierda que va a provocar que los jóvenes que ahora no tienen trabajo sean los viejos sin pensión del futuro. Hoy, las personas de entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años, los que en su juventud ayudaron a sus padres con el trabajo están ayudando a sus hijos a salir adelante, pero sus hijos no sólo no han podido aportar nada a la casa de los padres, sino, lo que es peor, no podrán ayudar a la siguiente generación... eso, si lo consentimos.

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