lunes, 28 de marzo de 2011

Mentiras arriesgadas


Los terroristas y los atracadores siempre van de negro y con pasamontañas, lo exige el guión. No podríamos ver una película en la que el malvado terrorista fuese un hombre apacible, entrado en años y de cara risueña. Hay quien se queda en los estereotipos y claro, cuando decide pasar a la acción, mete la pata.
Los conspiradores han de conspirar sentados alrededor de una mesa bien surtida. Es lógico; desde el siglo XIX en que el derecho de reunión estaba muy limitado en toda Europa, no digamos en España, los clandestinos tenían que buscar la manera de sortear las prohibiciones y nada mejor que un buen banquete para, si no pasar desapercibidos ante la policía, sí al menos para no dar motivos para ser detenidos.
Ese afán por la gastronomía de los conspiradores hace más fáciles de "digerir" encuentros como los de Fusteguersas con Cabaña, o Pacheco con Susana Diaz. El problema al que tiene que enfrentarse el conspirador, el espía de verdad, es el de no ser visto. Bueno, pues hay una damisela a la que han visto con García Pelayo cenando, probablemente para preparar el terreno para  hablarle de "lo mío", que al final es de lo que se trata.  Esta damisela cometió el mismo error hace más de un año, el de dejarse ver cenando, pero en aquella ocasión con el entonces delegado de Comunicación del Ayuntamiento de Jerez. Está claro que hay a quien le gustan los deportes de riesgo.

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