lunes, 18 de abril de 2011

Cambiar para que nada cambie


Pilar Sánchez visita la Hermandad del Cristo de la Viga
No es en absoluto extraño que los pregoneros, ya sea el de Sevilla, del que me ocupé en una entrada anterior, o el de Jerez, hagan proselitismo, no sólo de su fe, sino de su ideología política. Lo extraño es ver año tras año a diferentes alcaldes o alcaldesas visitar una tras otras a las hermandades que hacen estación de penitencia.
Alguno, llevando a gala ser ateo, ha sido el mayor mentor de las hermandades. Otros u otras, cuyo ideario político nada tiene que ver con el catolicismo, cumplimentan, como en  la foto, a las hermandades.
Lo malo de cambiar para que nada cambie es que nada cambia y, mientras la legislación se modifica, las niñas de dieciséis años pueden abortar sin consentimiento paterno, la sociedad no; no al menos la sociedad oficial, la que sirve de modelo para los ciudadanos.
Hay que cambiar para que las cosas cambien.

2 comentarios:

  1. El "gatopardismo" o lo "lampedusiano" es en ciencias políticas el "cambiar todo para que nada cambie". Se ve que hay mucho experto en políticas... Pues eso, que llevas razón. Saludos.

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  2. Es muy común-ignoro las razones que igual hasta existen y lo justifiquen-que exista café descafeinado o cerveza sin alcohool.

    Se lo pregunté a un camarero: ¿quillo,cómo se le quita la cafeina al descafeinado y el alcohol a la cerveza?... Tan sorprendido quedó que no quiero preguntarle como se puede ser socialista y obrero sin socialismo ni obrerismo... pues eso...

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