martes, 31 de mayo de 2011

La Audiencia Nacional sale a barnizar la máscara de estado democrático de España

Sede de la Audiencia Nacional
A esta farsa de estado democrático se le cae por momentos la máscara. Miles de acampados en las plazas de todas las ciudades, y mientras los fascistas campando a sus anchas. Ahora, para disimular, la Audiencia Nacional ha decidido investigar a catorce militares de El Salvador por su presunta implicación en el asesinato de seis jesuitas  y dos de sus empleadas en 1989. La Audiencia Nacional investigará pese a que el parlamento de aquel país aprobó en 1993 una ley de amnistía general. La Audiencia Nacional pude investigar esos asesinatos apelando a los mismos principios por los que el juez Baltasar Garzón investigaba, entre otros  crímenes del franquismo, las desapariciones forzadas, sólo que a este juez, apartado de la Audiencia Nacional, se le ha perseguido hasta suspenderlo en sus funciones. Esta astracanada de la Audiencia Nacional no va a devolver un ápice de credibilidad a esta farsa, aunque se consiga juzgar a los militares salvadoreños, en su mayoría soldados rasos que a pocos importará. Estos fuegos de artificio no van a dar brillo a un estado dominado desde 1939 por los fascistas y la Iglesia, tanto monta, que acaba de presentar el Diccionario Biográfico Español, que ha costado a las arcas públicas más de seis millones de euros, y que ensalza la figura de Franco, uno de los mayores asesinos y más torpes militares que jamás haya dado España. No es de extrañar. Con la muerte de Franco sólo murió el dictador, pero el edificio social permaneció intacto, con los fascistas incrustados en todos los puestos de poder y de decisión. Fascistas que tienen en el inmovilismo social su razón de ser y de existir. Personas de orden... del orden establecido igual que en la década de los años treinta del siglo pasado. La única forma de librarnos del inmovilismo social, mental y económico es haciendo saltar a las "lapas" fascistas de los muros del poder. Es hora ya de un cambio radical, un cambio que tiene que venir con nuevas leyes y con un sistema nuevo de gobierno. Es momento de empezar a pensar en la III República. Una república democrática, plural, con listas abiertas, laica, que deje de sufragar la ideología católica con el dinero de todos. Redistributiva, que profundice en la justicia social y que castigue y persiga severamente la corrupción.

Parece mentira, pero las cuatro últimas líneas bien podrían haber sido escritas hace un siglo y hoy sigan teniendo vigencia.

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