miércoles, 8 de junio de 2011

Y en eso llegó Vargas Llosa...

Vargas Llosa, con gorra y camisa salmón en Sanlúcar,
antes de cruzar el río camino de Doñana
Y ahora llega Vargas Llosa... y hala, al Rocío. Si antes me pongo a criticar la actitud de quienes no encuentran mejor ocupación que emplear su tiempo y su dinero en dar vivas a la Virgen y tirar cohetes -entre vaso y vaso-, ahora llega un premio Nobel a dar lustre a un jolgorio donde el vino y el paroxismo acaban en histeria colectiva y catarsis.
No sé qué le pedirá el escritor a la Virgen. Yo lo único que le pediría a él es que no popularice más un acontecimiento donde la burguesía rural paleta hace de la pérdida de la razón, bandera, y deja en manos de la providencia y de las ayudas de Bruselas, el futuro; el suyo y el nuestro.
Don Mario no sé si iba de incógnito, pero no pasó desapercibido. No sé que espera encontrar pero seguro que si asiste al rezo del rosario nocturno se encontrará como transportado en el espacio y en el tiempo a cualquier atávica manifestación religiosa del Perú más profundo. 

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