jueves, 11 de agosto de 2011

Más que el dinero lo que duele es que ni siquiera se les pase por la cabeza pedir perdón

No es lo que cueste, que también. Es el hecho de que todavía en España no hayamos podido separa la Iglesia del Estado. Una Iglesia institución que siempre apoyó al poderoso, al capital, y sobre todo la más atroz dictadura que jamás haya padecido este país, y por lo que todavía no ha perdido perdón.
Duele, cuando se cumplen 75 años del fallido golpe de estado, que la Iglesia se posicionara desde el primer momento en contra de la República, a favor de la derecha montuna, del bienio radical - cedista, y lo que es absolutamente terrible, bendijo el golpe militar que intentó por segunda vez el general Sanjurjo y que contenía desde un principio las instrucciones de Mola de exterminar a todo aquél que representara un activo para transformar a los españoles de siervos de la gleba en ciudadanos. La muerte de los dos generales, hace tres cuartos de siglo, el camino libre a Franco para convertirse en protagonista del golpe, implantar una dictadura fascista personal, e inventar el "nacionalcatolicismo" cuando las para las potencias del Eje pintaron bastos avanzada la II Guerra Mundial. No dudó entonces la Iglesia en amparar la bestialidad del régimen y pasear bajo palio al Generalísimo.
La Iglesia hizo y deshizo a su antojo durante los casi cuarenta años en que España fue un cuartel de tropas regulares, dirigido por un mentecato africanista, que firmó un Concordato con la Santa Sede, que hoy sigue vigente, aunque sea absolutamente inconstitucional.
No solo duele el dinero que va a gastar el Estado en esta visita particular del Papa, aunque se gaste cuando se están congelando las pensiones y recortando los gastos sociales en una situación de crisis y de paro alarmante. Duele y molesta que la Iglesia mantenga sus privilegios intactos y, aunque ya no ordena y manda desde primera línea, influya en todas y cada una de las decisiones políticas... y acuda en apoyo el partido conservador cada vez que lo cree necesario o conveniente.
Demostración de fuerza
¿Quién decide en qué país se celebra la Jornada Mundial de la Juventud? ¿Por qué se celebra por segunda vez en España?
La Jornada Mundial de la Juventud, con todos los respetos para los jóvenes que de buena fe participan en ella, no es más que una demostración  de fuerza de esa Iglesia que sigue sin pedir perdón por apoyar a los asesinos y violadores de los derechos humanos de los españoles, antes, durante y después de la República, mientras eleva a los altares a sus mártires.
Pobres jóvenes, a los que se va a utilizar porque la juventud vende más que la exaltación de cualquier misterio católico o la santificación de algún beato.

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