martes, 9 de agosto de 2011

Nadie quema su casa

Nadie quema su casa, ni arroja a la calle el televisor, porque la siente como propia, porque hay un sentido de pertenencia y ese sentido de pertenencia trasladado a un país es el sentimiento de nación, adquirido mediante la socialización.
Cuando no se sabe qué ha ocurrido en unas determinadas circunstancias hay que recurrir a explicar la esencia o las esencias del problema. En el Reino Unido ha fracasado la socialización, ¿por qué? Por una mala educación, ¿por falta de recursos u oportunidades? pues no, quizá por la pérdida de valores. Se ha perdido la cohesión social, y cuando se pierde la cohesión,  la identificación con la globalidad, aparece la identificación con el grupo, ya sea con la clase social o, como es más habitual, con grupos más pequeños hasta llegar a la pandilla.
Los asaltos planificados a tiendas nada tienen que ver con los movimientos a favor del software libre, de la cooperación que surgieron hace años, desde los inicios de la informática, como reacción contra el capitalismo, con la idea de poner en manos de todos los medios de producción. Estos movimientos son absolutamente pacíficos, caso de aquellos integrados en España en el 15 - M.
Lo que sí es cierto es que todos estos movimientos, pacíficos o violentos, en el caso de estos últimos podríamos señalar el asalto a la sede del Partido Conservador Británico, las revueltas en Grecia o la quema de coches hace unos años en Francia, tienen u denominador común, la reacción contra el capitalismo que pretende convertir al ciudadano en súbdito, sin más paños calientes que la imposición indiscutible de un status "irremediable."
Ni que decir tiene que todo ello viene acentuado por la crispación de la crisis, pero en el fondo subyace la ruptura social ocasionada por los ultraliberales - nadie quema su casa -, que ya veremos cómo acaba.

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