viernes, 10 de febrero de 2012

Una democracia a la medida de algunos

El juez Baltasar Garzón
Me comentaba un compañero ayer, mucho más joven y que nunca vivió en la dictadura, que el tema de la memoria histórica debería acabar, que de lo contrario tendríamos que desenterrar a los muertos de todas las guerras, que los asesinatos franquistas eran parte de la historia. Le contesté que tenía mucho que leer y aprender, y como es lógico, se molestó.
Los crímenes del franquismo no son historia. De hecho, la última víctima, no cruenta, del franquismo ha sido Baltasar Garzón. Víctima del franquismo y de la corrupción que heredamos aparejada y que sigue reinando en todos los órdenes en España.
En cualquier caso estoy de acuerdo con los términos de la sentencia que afirman que la actuación judicial recuerda "otros tiempos ya superados" y que supone "prácticas que en estos tiempos solo se encuentran en regímenes totalitarios"; pero no referidos a la actividad del juez Garzón, sino a la del Tribunal Supremo que no ha admitido ninguna de las pruebas o testigos presentados por el juez, lo que conduce indudablemente a una sentencia condenatoria.
El final de este proceso quizá ni siquiera esté en el Tribunal Constitucional, cuando el recurso de Garzón se vea dentro de dos o tres años, probablemente se dirima en el Tribunal de Derechos Humanos, donde el juez podrá alegar indefensión; pero para entonces, aunque el tribunal nos ponga a los españoles la cara más amarilla y más roja que los colores de la bandera, habrán pasado los años y la justicia habrá dejado de ser justicia.

Hay que leer, escucha y vivir mucho

Sí, se molestó mi compañero cuando le dije que hay que leer mucho para entender en qué país vivimos. Hay que leer, escuchar y vivir para recordar que en 1981 ya hubo un intento de golpe de militar. Que el estado fascista ya sabía antes de la muerte de Franco que tenía que adaptarse al cambio, que no era posible mantener una dictadura a finales del S. XX en Europa; y aplicó el refrán de, "cambiar para que nada cambie".
Hubo un cambio político, reflejado en las leyes, y mejoras sociales, pero los pilares de la sociedad franquista permanecieron inalterados.
Desgraciadamente los partidarios del totalitarismo encontraron acomodo en A.P, ahora PP. En otros países la derecha y los fascistas militan en partidos distintos. El ejército no sufrió renovación alguna, salvo el nombramiento por parte del Ejecutivo del generalato. Solo el "hecho biológico inevitable" y la creación de la Reseva Activa - el pase a la reserva a partir de los 55 años y con el sueldo prácticamente íntegro- logró renovar las fuerzas armadas. La banca y la empresa, ni se inmutaron. La Iglesia continúa hoy en día manteniendo los mismos privilegios que en la época de Franco y es la única institución que no ha sufrido recortes del dinero público. Además, mantiene la titularidad de buena parte de los colegios, sufragados por el Estado, con los que poder difundir la ideología conservadora o ultraconservadora. Y del poder Judicial, poco hay que decir, salvo en la elección del Tribunal Constitucional, en el que interviene el Congreso, el Senado y el Consejo General del Poder Judicial y, el Tribunal Supremo, donde las diferentes cuotas dan lugar a alianzas entre "sectores..."  ¿Qué intereses puede tener un juez al margen de su prestigio y sactisfacción profesionales? ¡Para echarse a temblar!

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