martes, 18 de septiembre de 2012

Bestias



Solo siglos de rapiña, de sometimiento de la población propia y ajena como siervos, configuraron una clase poderosa, no me atrevo a calificarla de élite, compuesta por nobles y burgueses capaz de alumbrar a los bestias que luego se alzaron en armas contra la República.
Hoy, que se empieza a tomar declaración a los médicos de la clínica Santa Cristina de Madrid, donde hace treinta años se produjo uno de los numerosos casos de niños robados en España, hay que preguntarse cómo  fue posible, y cómo pudo durar tanto.
Es cierto que en 1982 ya hacía cuatro años que se había aprobado la Constitución democrática y que se habían celebrado elecciones libres en España, pero eso no significa que el fascismo y sus vicios, injertados en todas las instituciones sociales y políticas hubieran desaparecido.
La explicación a los juicios que se comienzan a celebrar hay que encontrarla en "los bestias"; esos mandos, jefes y oficiales africanistas, que procedían de la pequeña burguesía y nobleza con escasos recursos, que se embrutecieron en una guerra, la de Marruecos, en la que el enemigo no tenía la consideración de soldado, en muchas ocasiones ni tan siquiera la de persona. Esos militares que tardaron dieciséis años en "pacificar" una región con una extensión menor que la provincia de Badajoz, en la que encontraron ascensos rápidos y aprendieron la aniquilación como método de combate, y lo practicaron contra las cabilas insurgentes y sus habitantes. Después encontraron en el fascismo un referente ideológico con el que articular sus ansias de poder.
La aniquilación del enemigo o del adversario se trasladó a la Península Ibérica con la Guerra Civil, y la aniquilación total fue el robo de bebés a las mujeres encerradas en las cárceles; una práctica que saltó a los hospitales y casas de beneficencia con la inestimable colaboración de religiosos y religiosas, y que perduró hasta bien entrada la democracia.
Hoy declaran médicos de la clínica Santa Cristina de Madrid, donde el robo sí se produjo, porque treinta años después del parto, madre e hija volvieron a encontrarse.

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