lunes, 1 de octubre de 2012

La soledad de la burbuja oficial

Firma del convenio para la rehabilitación del Cuartel.
Hace unos días cuando la alcaldesa de Jerez, la "esperanza de los que sufren", presentó el proyecto para la rehabilitación del Cuartel de San Agustín -que ahora el gobierno municipal ha vuelto en llamar Convento de San agustín, probablemente para no recordar el sufrimiento de las personas que pasaron por su calabozos-, los aledaños del Alcázar parecían más una ciudad tomada que una fiesta.
En el exterior, la calle cortada al tráfico, como si un jefe de estado hubiera llegado a Jerez... como si por Jerez pasara alguna autoridad. La calle cortada y mucha, mucha policía para contener a varias decenas de manifestantes. En el interior, el gobierno local en pleno, buena parte del Partido Popular de la provincia y sitios reservados para los medios de comunicación, para los representantes de la Federación Local de Asociaciones de Vecinos, con su ex rey mago a la cabeza, para los sindicalistas de los autobuses urbanos, a los que García Pelayo llamó "compañeros", para los técnicos de Urbanismo, y para los comerciantes del centro de Jerez, que entre queja y queja se lamentaban de la mala situación por la que atraviesan sus negocios y economías, cada vez más menguadas. Esas son las fuerzas vivas de la ciudad... Los unos y los otros forzados a presenciar lo que más pareció un acto de partido que la presentación de unas obras.
El arte de la oratoria ha cambiado mucho en los siglos y milenios que lo contemplan, por eso, de convencer con la palabra se ha pasado al espectáculo mediático; solo que todo caduca, muda y se anquilosa, como el ardid de dirigirse al público para saludarlo, llamarlo a los presentes por su nombre para que el orador parezca más cercano, que usan desde hace lustros Javier Arenas, García Pelayo y otros políticos del PP. En el interior del Convento, sentados en un pequeño claustro ya rehabilitado, unas decenas de personas, que no tenían más remedio que estar allí, escuchaban los discursos preñados de anécdotas en la feliz puesta en escena; cada cual con su problema a cuestas... Una atmósfera irreal, una burbuja oficial custodiada por la policía, más allá de la cual estaba la ciudad, sobre la que caía la noche. Esa es la realidad de Jerez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario