jueves, 8 de noviembre de 2012

Un país de almorranas

Uno de los carteles del aeropuerto de Castellón
Hoy que los "bobofascistas" están instalados en el poder, he empezado a dejar de preguntarme cómo los nazis camparon a sus anchas sin oposición alguna en la Alemania de los años treinta. Lo digo como lo siento, vivimos en un país de almorranas, donde una gran parte de la población sufre en silencio las bajadas de sueldo, los despidos y el robo a punta de BOE de los bienes y derechos públicos. Los "bobofascistas", a los que no llamo fascistas, porque se sentirían orgullosos del apelativo, al que además no son acreedores -si uno de estos mamarrachos viajara en el tiempo a principios del siglo pasado  los propios falangistas lo fusilarían por pusilánimes - han decidido utilizar la técnica totalitaria de identificar la ciudad con el partido, y como a falta de otras luces y no menos dialéctica no conocen mejor oratoria que la repetición, insisten en identificar al partido con Jerez, de tal forma, que todo el que se opone a sus intereses actúa contra Jerez. Esa técnica ya la conocemos, y la de que una mentira mil veces repetidas se convierte en una verdad, también, así que no queda otro remedio que repetir y preguntar; repetir que en menos de año y medio el PP, que no ha tenido una sola iniciativa para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, ha conseguido aumentar el paro en 5.400 personas. Y preguntar, sí, preguntar: ¿qué está haciendo la delegación de Simpulso Económico, además de llevar en autobús a los "emprendedores" al Parque Tecnológico a conocer cómo se maneja  Twitter o Facebook? ¿Quién paga y con qué dinero la semana internacional del flamenco que comienza este viernes? ¿Por qué se llama semana internacional y no del mundo mundial? ¿Quién hizo los cálculos de la cimentación del aeropuerto de Castellón y como se le otorgó? Sí, ese en el que no ha aterrizado un solo avión.  ¿Qué va a pasar con la privatización del agua? ¿Por qué se cubren a dedo los puestos de libre designación en el Ayuntamiento? Todas estas preguntas y miles y miles más cabrían en un país donde sus ciudadanos no sufrieran en silencio las necedades de los "bobofascistas" como el que mira con resignación al niño tonto que acaba de romper el jarrón de la abuela.

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