jueves, 22 de noviembre de 2012

Una crisis que no tiene desperdicios

Los bomberos apagan un incendio de basuras junto a las Casitas Bajas del
Polígono de San Benito en Jerez
Solucionada en unas horas la huelga de basuras en Jerez, las que pasaron entre el anuncio del delegado del Gobierno, Fernando López Gil, de convocar una reunión para hoy con todas las partes implicadas para solucionar el conflicto, y lo que tardó la alcaldesa en sentarse, por primera vez, con empresa y trabajadores. Mientras, los jerezanos hemos sufrido la visión desagradable de las aceras llenas de basuras y la pestilencia de los detritus durante veinte días, al parecer, en palabras de la alcaldesa, "algo así como una gripe que había que pasar", para que la recogida de la basura nos cueste menos en los próximos años.
¿De verdad que nos va a costar menos? La imagen de Jerez destrozada en todas las televisiones nacionales y en periódicos nacionales e internacionales, y con ella, todos los esfuerzos y recursos privados que se emplean para potenciar el turismo, el único sector que está aguantando la crisis.

Cuentas pendientes

Pero si a los jerezanos no nos salen las cuentas, quizá al Ayuntamiento sí, hay otras cuentas que quedan pendientes y que difícilmente se saldarán con dinero. Me refiero a la violación del derecho a la huelga mediante la contratación de una empresa externa como Tragsa para sustituir a los trabajadores en paro, el encargo y utilización de un informe vacuo de la delegación Municipal de Medio Ambiente, carente de análisis   para justificar la contratación de Tragsa, y lo que es peor aún si cabe, el trato discriminatorio de las barriadas populares y pedanías en el reparto de los servicios mínimos.

Criminalización

A todo esto hay que añadir el trato vergonzoso que el Gobierno del PP ha dado a los trabajadores y las intromisiones, que no participación, del Ayuntamiento a favor de la empresa en las negociaciones. El apoyo a la empresa ha venido dado en forma de "acusaciones" a los trabajadores de ganar mucho, de petición expresa a los trabajadores de reducción salarial en los términos que requería Urbaser, de no sancionar a la empresa por incumplimiento de los servicios mínimos y por la contratación de una empresa externa para reventar la huelga, matando así dos pájaros de un tiro, hundir la protesta laboral y, aparentar ante la opinión pública que se hace algo. Pero lo peor, porque siempre hay sitio para algo peor, es la criminalización de los trabajadores como presuntos autores de la quema de los contenedores, cuando el único detenido es un menor de edad, y algunos vecinos, incluso, se han confesado autores de los incendios ante las cámaras de televisión.

Peor imposible

La gestión de esta crisis de la basura no ha podido ser peor. Veinte días insufribles para la población, la imagen de la ciudad, como la basura, por los suelos,  un rifirrafe vergonzoso entre PSOE y PP, y una nueva oportunidad del Gobierno local de utilizar una institución como el Ayuntamiento para atacar a la Junta.
La huelga de la basura se ha solucionado en horas, las que pasaron desde el anuncio de la Junta de sentar a las partes para encontrar una solución, y lo que tardó efectivamente en sentarse la alcaldesa con empresa y trabajadores

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