martes, 13 de enero de 2015

Hemos convivido con el terrorismo sin renunciar a la libertad

Todavía conservo un trozo de chapa retorcida del coche bomba que utilizó ETA en uno de los atentados contra la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. Los años ochenta fueron unos años duros, de salvajismo terrorista. En esta ocasión el atentado tuvo lugar el 17 de mayo de 1987, en él murió una mujer, Carmen Pascual, que tuvo la desgracia de pasar con su vehículo junto al coche bomba en el momento de la explosión. Más suerte tuvieron unos compañeros de la residencia donde viví durante la carrera, que tuvieron la fortuna de cruzar la puerta de entrada en el momento de la explosivos. De hecho, uno de los ejes del Opel Kadett (coche bomba) llegó hasta la misma esquina de la calle Juan Vigón, donde estaba situada  la residencia, a más de un centenar de metros del lugar del atentado.
Comandancia de la Guardia Civil en Madrid.
Recuerdo el atentado como un estruendo horroroso y una sacudida que rompió varios cristales del edificio. Y el olor... Recuerdo perfectamente el olor, un olor que hoy en día impregna todavía el trozo de metal que guardo como souvenir de una época.  También Recuerdo la columna de humo que ascendía por encima del edificio, que podía verse desde cualquier parte.

Medidas antiterroristas

No fue el único atentado que ocurrió en Madrid, ni mucho menos, durante el tiempo que estuve allí, pero sí el que viví más de cerca, tanto como que varias de las fotografías que publicó Diario 16 al día siguiente fueron realizadas por compañeros de la facultad.

Recuerdo los dispositivos antiterroristas que se instalaban en Madrid cuando había un atentado, o cuando se preveía que podía haber alguno. Recuerdo los edificios militares de la zona de Guzmán el Bueno protegidos por la Policía Militar, todoterrenos de la Guardia Civil estratégicamente situados, las "operaciones jaula", los controles de tráfico...

Las bombas de ETA tenían por objetivo el asesinato de militares y policías, y de todo aquél que pudiera pasar por las cercanías. Objetivos que cambiaron con el atentado de Hipercor en Barcelona ese mismo año.

Pese a la indignación, recuerdo la década de los ochenta como una época de libertad, en la que más se legisló para garantizar los derechos y libertades de los españoles. Hoy, los gobiernos comienzan a hablar de restringir derechos como la libertad de movimientos entre fronteras, considerar ilícita la consulta de páginas yihadistas o, simplemente, acabar con el servicio de WhatsApp.

Resulta curioso que en el momento de mayor violencia se pudieran ampliar las libertades y que en la actualidad, con las mejoras teconológicas, haya que reducir la capacidad de movimientos y de elección de los ciudadanos.

Hemos convivido con el terrorismo de ETA, lo hemos padecido con casi novecientos asesinatos y miles de heridos, y hoy está a punto de desaparecer sin que los ciudadanos hayamos tenido que hacer renuncias, incluso expresando la mayor protesta ante la "ley de la patada en la puerta" de Corcuera, cuando todavía la actividad terrorista era brutal.


viernes, 9 de enero de 2015

Miedo al miedo

Los políticos creen que los ciudadanos tienen memoria de pez; que tras tres años de gobierno bastan unos cuantos meses de propaganda para que las aguas vuelvan a su cauce. No parece que esta estrategia esté dando sus frutos, a tenor de los datos del último sondeo realizado por la SER, que sitúa a Podemos como primera fuerza política en estos momentos, por delante del Partido Popular y PSOE. Una encuesta que se ha realizado coincidiendo con los mejores datos económicos de cierre de año, desde que comenzó la crisis, y con el triunfalismo expresado tanto por el ministro de Economía, como por el presidente del Gobierno.
Asistiremos, seguro, a la política del miedo
Me temo que si esta estrategia no funciona asistiremos pronto al discurso del miedo. Miedo expresado curiosamente por la técnico encargada de explicar en la SER la elaboración de la encuesta, que dijo temer que si la crisis continuaba "Podemos" obtendría unos buenos resultados, y miedo a la falta de seguridad ciudadana.

Seguridad ciudadana.

Hemos asistido con estupor a los execrables crímenes perpetrados por fundamentalistas islámicos contra los dibujantes de la revista "Charlie Hebdo", un suceso que ha conmocionado a Occidente. El enemigo a las puertas, o el enemigo interior es la excusa perfecta para endurecer todavía más las leyes de seguridad ciudadana, recortar derechos, a la  vez que dirigir el voto hacia los partidos conservadores, más proclives a los estados policiales.
Ya usó y abusó del miedo el Partido Popular cuando estaba en la oposición al inicio de la crisis. Telemadrid llenó sus informativos de robos, atracos y sucesos, lo mismo que hizo alguna otra cadena privada, que no contenta con difundir episodios que aparecen como breves en las páginas de los periódicos, los vinculaba entonces con el estado de necesidad en el que se encontraba parte de la población a causa de la crisis.

Miedo al miedo.

El inicio de los recortes en la época de Zapatero, la llegada de la crisis agravada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el miedo a la pérdida de la seguridad y el programa del Partido Popular, incumplido posteriormente de forma soez, no dejaron ver el bosque de recortes que se avecinaba de recortes y pérdida de derechos.
Hoy, mientras leía bien temprano El Mundo en la calle, un joven se me acercó y me dijo: "compra El Diario, que viene un buen artículo sobre la deflación". Me ha hecho gracia, pero lo que más me ha gustado ha sido revivir esa sensación de interés por la política que había durante la transición, cuando unos recomendaban a otros la lectura de tal o cual artículo.
Me da miedo la táctica del miedo. Que se inculque el miedo a la gente para impedir que el voto ciudadano traiga la regeneración democrática que tanto hace falta en España.

Represión

Hoy que se enarbolan banderas contra los criminales fundamentalistas que asesinan la libertad de expresión y la vida, contra quienes no se puede bajar la guardia y hay que erradicar, no podemos olvidar que es delito manifestarse sin permiso, que es delito fotografiar a un agente en acto de servicio y también lo puede ser hacer una caricatura de un cerdo vestido de policía

jueves, 8 de enero de 2015

Miedo a perder el trabajo

Ocho meses sin escribir, pero yo también me estoy recuperando, al igual que el país, aunque de una profunda depresión provocada por ver cómo se iba a pique mi negocio tras emplear en él todas mis energías, mi tiempo y buena parte de mi dinero. En nada me consuela que otros negocios de los alrededores hayan echado el cierre meses antes que el mío o que, algunos afamados y consolidados establecimientos tengan colgado el cartel de "liquidación por cierre".
Foto, como siempre, robada
Esta es la recuperación que yo veo todos los días. Una recuperación a la que he contribuido mediante la contratación de personal, que hoy, por desgracia, ha vuelto al paro. Sólo espero que el Gobierno tenga mucha, mucha suerte y al final de su mandato pueda alcanzar las desastrosas cifras de paro de la época de Zapatero.
El PP ha tenido el dudoso gusto de recuperar la foto de Rajoy delante de una oficina del INEM, en consonancia con las declaraciones del ministro de Economía, Luis de Guindos, que ha asegurado que "ya no hay miedo a perder el trabajo".
Será mi falta de fe o el hecho de haber trabajado durante años con tablas y estadísticas, lo que me lleva a permanecer incrédulo ante la recuperación, aun a pesar de caer en lo políticamente incorrecto. Sí, si en este país hay algo que funciona es la maquinaria de propaganda del PP, basada en la reiteración de "axiomas" que no pueden ser refutados so pena de escarnio público o, si no, ¡prueben a negar que la recuperación es tal!

Ni está, ni se la espera

No tengo miedo a perder un trabajo que dejé hace ocho meses. Lo que se me plantea es una enorme incertidumbre porque no puedo equivocarme en una segunda inversión, algo que tendría consecuencias nefastas. Incertidumbre, sí, porque los negocios de todo tipo tienen enormes dificultades para seguir adelante porque, diga lo que diga el Gobierno, no hay dinero en la calle. "El esfuerzo que se ha pedido al pueblo español" (eufemismo que emplea el Gobierno para referirse a la gran estafa a la que se ha sometido a la población), ha dejado a los ciudadanos con lo puesto, con empleos en porciones y sueldos que sitúan al trabajador bajo el umbral de la pobreza.
En la calle no hay ni rastro de recuperación, ni está, ni se la espera, porque por enésima vez hay que decir que lo que se pretende desde hace años en Europa es implantar un modelo de sociedad basado en una amplia mayoría de trabajadores empobrecidos y una minoría opulenta.
Así que me sigo devanando los sesos a ver que monto para acabar entre la minoría.