sábado, 15 de abril de 2017

Santo viernes

Me ha sorprendido, y tengo que decir que gratamente, la decisión de Ministerio de Defensa de izar la bandera española a media asta en señal de duelo por la muerte de Cristo. Esta decisión, sectaria, se enmarca dentro de la tradicional arrogancia y chulería del nacionalcatolicismo que ostenta el poder en España desde hace ochenta años, y que hoy en día además, nos gobierna.
Digo "gratamente", porque si bien la decisión responde al, "si no quieres sopa, toma dos tazas", sólo refleja la irritación y debilidad  de quien la adopta. Debilidad, y empiezo por lo último, porque se exige sólo a los acuartelamientos, donde se sabe que esta orden no va a ser discutida, y no a otros organismos de la administración central como las delegaciones de Hacienda, Agencia Tributaria o Inem, donde habría que ver qué pasa. Pero lo que más refleja es irritación. Irritación, por qué, si está claro que el poder sigue ejerciéndose sin menoscabo por los que siempre hemos conocido como "los de siempre". No, la irritación no viene por una pérdida de poder, ni si quiera por la pérdida de la mayoría absoluta, ni por el continuo "machaconeo" de los casos de corrupción, que ya hemos visto que no tienen coste electoral alguno. Algo hemos debido pasar por alto para que el Gobierno, irritado, salga a decir ahora, "aquí estamos los de siempre y seguimos mandando". Pues sí, y ese algo sí es la corrupción, que sí tiene un coste, quizá no electoral, pero sí personal. Por muchas trabas que ponga el PP y el entramado del nacionalcatolicismo, la corrupción va causando bajas entre sus cuadros, y eso duele y además las bajas en un entramado así no son fáciles de reemplazar. Eso es lo que irrita, eso, y que pese a todas las leyes involucionistas que ha aprobado el PP, la democracia sigue abriendose camino,
aunque sólo sea para rascar la pintura democrática y dejar al descubierto el estado fascista en el que yo, ya no vivo.

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